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Pregón Semana Santa Albox 2003

 

DEDICATORIA

A la memoria de mi padre, que me inculcó a mi y a mis hermanos, y también a sus nietos la devoción a Jesús Nazareno, su amigo Jesús, como gustaba llamarle y con el que se fue para siempre.

A mi madre, por sus enseñanzas y lecciones, a veces sin palabras que nos da a su familia en las condiciones más adversas.

A laura, mi mujer y a mis hijos Laura, Rafael y Luis, que tienen la responsabilidad de mantener y transmitir el legado de su abuelo.

INVOCACIÓN

¡Padre Jesús! ¡Padre Nuestro! Que has bajado del cieloestás aquí y ahora con nosotros, en tu pueblo de Albox, que se arrodilla ante Ti, y que se inclina ante tu soberano poder.

Desde esta iglesia, en la que nos sentimos más cerca de tu cielo, todo Albox se rinde ante tus plantas ¡Señor! Porque así Tu lo has querido, quedamos bajo tu amparo y protección.

Desde el presbiterio de esta iglesia en la que nuestros antepasados forjaron su fe en Ti, y en tu palabra ¡Señor Jesús! ¡Jesús Padre! Humildemente me atrevo a pedir tu venia, para proclamar, como me ha pedido la Agrupación de Cofradías, tu Pasión, Muerte y Resurrección en nombre de todos los hermanos nazarenos, cofrades, anderos y albojenses en Cristo. ¡Con tu venia, amigo Jesús!

SALUDO Y GRATITUD

Rvdo. Sr. Cura Párroco de la Iglesia de Santa María
Rvdo. Sr. Cura Párroco de la Iglesia de la Concepción
Ilmo. Sr. Alcalde
Miembros de la Corporación Municipal y autoridades.
Sres. Presidentes de las Cofradías de San Juan, Virgen de los Dolores, Virgen de las Angustias y Jesús Nazareno.
Amigas y amigos
Sras. Y Sres.

Quiero también saludar a aquellos que hoy no pueden estar aquí con nosotros, los enfermos, los impedidos y los que hoy deben de atender sus obligaciones, pero especialmente a nuestros mayores, hombres y mujeres que han tenido en sus vidas el sacrificio diario como la Cruz de Guía y que lo han dado todo por nosotros, y que nos legaron esta herencia cultural y religiosa. Que sepan que su trabajo y sacrificio ha dado su fruto y que continuamos por el camino que ellos nos enseñaron.

Y como no, mi cariñoso agradecimiento y mi profundo respeto a mi presentador, José Jiménez Soria, por sus palabras. Ambos somos hijos de este maravilloso pueblo, hermano en las creencias de nuestra fe y hermano también en la nostalgia por no poder venir con más frecuencia a esta bendita tierra. Quien mejor que tú, que cada año, cada viernes Santo, no faltas a la cita para hacer tu estación de penitencia con nuestro Padre Jesús Nazareno.

Pido pues a Ntro. Padre Jesús y a María Santísima de la Redención que derramen sobre ti y tu familia, toda clase de bendiciones y gracias.

La responsabilidad de esta grata tarea de pronunciar el pregón de la Semana Santa de Albox, es un honor inmerecido que en algún momento es posible que atenace mi garganta.

Soy albojense y bañado con agua de los caños –presumo de ello, allá donde esté y con quien esté- y esto os ha bastado para esta invitación a la que estoy reconocido y de la que me siendo deudor, esto es suficiente, porque en este hecho va unido mi amor por un pueblo que desde siempre he tenido en mi corazón.

Espero que el amor con el que ustedes me invitan y yo correspondo, sepa disimular, con un velo de benignidad mis deficiencias y turbaciones.

Hoy vengo a Albox con el corazón preñado de emociones, las de entonces y las de ahora, para anunciaros esta cita obligada y recurrente: la Semana Santa albojense, como una fiesta saludable, fiesta de encuentros entre religión y arte, porque es fiesta de fe de profunda religiosidad contenida en cada tradición, en cada gesto, en el más mínimo detalle que aquí tiene un contenido profundamente creyente y se expresa transido de emoción en el silencio reverente, en el esfuerzo del que cargando con las andas de los tronos, carga sobre sí el dolor del mundo que llevó al Crucificado a lo más alto de un Gólgota y que hoy sigue repitiéndose.

Sin pretender sentar cátedra alguna, ni desviarme del auténtico sentido de lo que debe ser un pregón, convirtiéndolo en un sermón o presentando a este mundo nuestro como un mundo de místicos santurrones que está muy lejos de la realidad, sí quisiera aprovechar esta oportunidad para recordar lo que deben ser actualmente nuestras cofradías y el verdadero objetivo que persiguen.

Creemos que habría que ir desterrando de una vez para siempre estos conceptos trasnochados de algunos, que hacen parecer a las hermandades como simples lugares de tertulia, y las cofradías un bello y anacrónico espectáculo que atrae la atención del turismo y convierte simplemente en fiestas mayores de una ciudad o pueblo la conmemoración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo.

Hay un intento de convertir en muchos lugares la Semana Santa en pura y simple manifestación cultural. Como creyentes hemos de tener la tolerancia y el respeto para aceptar una visión meramente cultural de lo que hacemos, pero no podemos quedarnos ahí.

Es verdad que un mismo hecho puede ser contemplado desde distintos ángulos:un bosque de abetos puede ser contemplado por un botánico y lo ve desde su punto de vista, por un director de cine y lo interpretará de otra manera en sus planos, o el pintor que lo refleje en sus lienzos. Y también puede ser visto por un creyente, el cual ante ese bosque dirá: “Señor, Dios Nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra”. Naturalmente que la visión, la interpretación del creyente no disminuye ni mengua la visión de todos los demás. Acepta el punto de vista de cada cual, pero el creyente tiene que tener otra mirada. Pues esto es lo que ocurre en nuestras Semanas Santas. No hay que negar que un escultor vea nuestra Semana Santa desde su ángulo, no me niego a que una agencia de viajes lo vea como fuente de ingresos, al vender un paquete turístico a cualquier país del mundo, posiblemente estén en su derecho.

Pero, si como cristianos tenemos que respetar el derecho de esas personas a ver las manifestaciones de nuestra fe, desde su punto de vista, no debemos callar nuestro propio punto de vista (¿negaciones de San Pedro?). La Semana Santa no puede ser un fenómeno cultural sin más, sino un testimonio de algo que llevamos en el corazón; de lo contrario estamos haciendo el juego a algunos que tratan de comerciar con Cristo, ¡Y esto sería muy triste!.

Hoy por eso vengo a vocear y pregonar que como cristianos y creyentes estamos en el tercer milenio del nacimiento de Cristo, y es momento de gozo y alegría, tiempo de compartir, de liberación, de perdonar, de hacer las paces, en definitiva, tiempo de amor generoso.

Vengo a anunciar y proclamar que está próxima la Semana Santa, la cuaresma nos prepara para ello. La liturgia y las celebraciones que se avecinan en las parroquias y comunidades nos harán presente y nos actualizarán aquí y ahora la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo; nos recordarán que Jesús, aunque murió en la Cruz, triunfó sobre la muerte: resucitó.

RECUERDOS DE MI NIÑEZ

Como muchos sabéis, desde que llegué a Albox, con pocos meses de edad, viví en la Plaza de los Luceros, en donde luego estuvo el Juzgado de Paz. Desde allí empezaron mis primeros pasos al colegio, en donde las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul me enseñaron junto a mi padre y a mi madre las primeras oraciones, Sor Mª Luisa, mi querida Sor Concepción, Sor Isabel, Sor Emilia, Sor Victorina, Sor Alfonsa, Sor Rafaela, que qué tirón de orejas más oportuno y más bien dado, recuerdo que me dio, ¡entrañables todas ellas!

Las monjas me iniciaron en el amor a María y a Jesús y a practicar desde pequeño las virtudes cristianas.

Hay hechos que se producen en la infancia, se descubren en la etapa de adulto y se ven reflejados a lo largo de tu vida.

La primera Semana Santa que tengo en mente ya empieza con la cuaresma, tiempo de preparación y sacrificio, miércoles de ceniza, íbamos todos a la misa y presumíamos los niños a ver quién tenia la mancha más grande, no nos lavábamos en todo el día. Las hornacinas de las imágenes de las iglesias estaban tapadas con un paño morado. La llamada a los oficios de Jueves y Viernes, se hacía con una carraca. Llegaba el domingo de Ramos y recuerdo la procesión de las palmas, muchos íbamos con nuestros padres de la mano a la procesión, procesión sencilla que se desarrollaba con devoción, abría la Semana Santa.

La procesión que recuerdo allá por el año 1962-63, no podría precisar, me puse por primera vez la túnica de morao, la que por cierto, mis hijos se volvieron a poner esa misma, con su capa, que mi madre con tanto cariño había guardado en previsión de futuro.

Ese año digo, recuerdo todos los pasos en la calle, los itinerarios muy parecidos a los de hoy: callejón de la iglesia, Plaza del ayuntamiento, Cervantes, Caño San Felipe, Puerta Purchena, Calle Rosario, con la dificultad que entrañaba el pasar los tronos con la esquina de la calle Honda, calle Antonio Martínez, Plaza de los Luceros, General Goded, Alberto Sánchez, Santa Lucía, Calle Carmen hasta la Iglesia.

Me acuerdo cuando se partío la cruz del trono de la Virgen de las Angustias, que tenía fama entre los niños de ser el trono que más pesaba, ¡menudo berrinche cogió nuestro querido don Federico! (q. e. p. d.). La soledad en la Loma también la recuerdo con mucha gente a la media noche, y un tambor de viejo metal y destemplado pellejo como único instrumento musical que acompañaba.

Luego, en distintos años, recuerdo el Santo Entierro acompañado en fila por cientos de hombres con vela en actitud de profundo respeto.

En el año 71, con quince o dieciséis años y producto de una sana rivalidad entre los “boy scout” y la O.J.E. le pedimos a mi querido Miguel Sáez hacer algo que nos diera el protagonismo que a esa edad se busca y nos prometió y muy bien que cumplió, organizar la procesión de la Oración en el Huerto.

Llegan los años 1973-74 mas o menos, en donde se consolidad de una manera continua y con afán de superación año tras año, lo que da ocasión a los albojenses y visitantes de contemplar en sus calles y plazas el paso de sus imágenes y tronos merecedores de elogios y casi seguro, también de críticas. Constructivas y destructivas. Y que nada tienen que envidiar a ciudades importantes.

JUEVES Y VIERNES SANTO

Y haciendo u pequeño esfuerzo con nuestra imaginación, sigamos los misterios dolorosos y contemplemos el paso de las imágenes por cualquiera de nuestras calles, que, para mi gusto, ver al Cristo de la Flagelación por la calle Escuadra, nos hace pensar que pasa ante nosotros algo que no nos es ajeno en absoluto, porque todos nosotros estábamos allí, en el Pretorio, mientras lo flagelaban, gritando iniquidades contra el Justo. Cada una de nuestras faltas es un azote en el cuerpo de Cristo, una espina en su corona. Delante de nuestros ojos esa imagen patética de Cristo azotado, es un aldabonazo en nuestra conciencia, para que sepamos hacernos dignos de su amor.

Y Cristo cae una, dos y hasta tres veces, ya en el Barrio alto. Cristo ha vacilado sobre sus pies, y cae, pero Cristo no ha caído sino para levantarse de nuevo, sus manos se agarran al madero, sus músculos se tensan y la cruz vuelve a alzarse de nuevo empuñada por un Dios, para mostrarnos a nosotros los flojos, a nosotros los contumaces, a nosotros los inconstantes, que podemos levantarnos de nuevo de nuestras caídas morales y de nuestras miserias. Y ya en la Placeta San Antonio ver a la virgen de los Dolores enternece.

Ya es viernes por la mañana: la Loma, día espléndido, luce un sol radiante, ya se nublará por la tarde y aparecerá la incertidumbre y el nerviosismo. No recuerdo un Viernes Santo a la mañana que no haga dudar de que a la tarde “si sí o si no”.

Se ven unos pocos coloraos que van del Pueblo a la Loma por el puente, que cada vez, con la perspectiva del tiempo es más pequeño, porque Albox se hace grande.

San Juan, con su figura gallarda y juvenil, yo creo que debió nacer en la Loma, e incluso me atrevería decir que sigue viviendo por allá, por algún lugar de la Calle Lo Alto o la Calle Ancha.

Y en conjunto de la Cofradía de los coloraos tenemos el pasaje bíblico según San Mateo: Estaba junto a Jesús crucificado su madre, María la de Cleofás y María Magdalena. Viendo pues a la Madre y a su lado de pie, al discípulo predilecto y que tanto quería, dijo Jesús a su Madre: “mujer, ahí tienes a tu Hijo”. Después dice al discípulo: “ahí tienes a tu madre”. Y desde aquella hora el discípulo la tomó consigo.

Estar a la vera del Cristo Crucificado por la calle Salitre y coincidir con la interpretación de “la Saeta”, con el quejío de cornetas, trompetas, tambores que ponen música al poema de Machado, me produce unas sensaciones que llegan hasta la médula y no sabría definir, se traga saliva y se aprietan los labios.

Ya es viernes por la tarde, algunos años, el tiempo cambia por completo. Es la primavera.

Ver la espectacular salida de los blancos por la Plaza, merece la pena, y todo el cortejo por la Calle Ramón y Cajal y Pío XII.

La Oración en el Huerto de los olivos tiene un encanto especial por la calle Antonio Martínez, tal vez sea este el momento de su vida terrena en que Cristo, Dios y Hombre verdadero, se nos muestra más próximo a nosotros, más hermano nuestro, cuando pide al Padre que aparte de Él ese cáliz, si es posible. Como nosotros pedimos a Dios todos los días, que aparte de nosotros si es posible, el dolor, el sufrimiento, o la enfermedad. Y aunque parezca que el Padre no ha escuchado la oración del Hijo, sí la escucha con amor y por eso, si no ha apartado de sus labios el cáliz del dolor y de la muerte, sí le ha dado la fuerza necesaria para asumirlo.

La virgen de las Angustias refleja en su rostro bellísimo todo el dolor y angustia de la madre ante la muerte de su Hijo.

Ella nos dio a Jesús en Belén, nosotros se lo que hemos depositado en su regazo. Tómalo, Madre, te lo devolvemos: es el mismo que tu dormías en Belén. Ahora también está dormido: lo hemos conseguido nosotros, le hemos dedicado la canción del dolor y de la muerte: “Amarguras”, ¡Qué sentimiento más hondo transmite esta melodía!

YA ES VIERNES NOCHE

El rostro es sereno, el rostro es tranquilo, inalterable, es sosegado, estoico, es calmo, reposado, es apaciguado, rostro noble, digno, rostro entero, rostro de perdón, indulgente, misericordioso, es el rostro de Jesús Nazareno, ¡el Señor de Albox! El rostro de Jesús Nazareno es conmovedor.

La flagelación fue sólo el principio de los tormentos de Cristo. Vendrá después el simulacro de juicio y condena, algo en lo que todos hemos colaborado. Judas, un hombre traidor, como nosotros, lo ha vendido; Pedro, un hombre cobarde, como nosotros, lo ha negado; Pilatos, un hombre hipócrita, como nosotros, lo ha entregado; los discípulos, hombres inconstantes, como nosotros lo han dejado solo.

Y he aquí, como resultado de todo esto, a Jesús, nuestro Padre Jesús nazareno, mi amigo Jesús, a hombros de sus anderos.

Llegado hasta aquí me vais a permitir decir que he sido testigo del entusiasmo de todos los anderos, pero especialmente los del Nazareno, del que fui uno más y que causas mayores me impiden seguir, pero me consuelo y enorgullezco, al igual que mi padre conmigo, con ver a mi hijo en el varal del Nazareno.

Los anderos templan su paso y el trono se mece suavemente. El leve movimiento de la túnica del Galileo a mí me produce estremecimiento. El pueblo reza a su paso, y tras Él, cuánto agradecimiento por gracias recibidas, por problemas resueltos, por súplicas atendidas.

Esos labios que adoctrinaron muchedumbres esos labios que calmaron el furor de la tempestad, que hicieron salir a Lázaro del sepulcro, esos labios que abrieron a la humanidad en el sermón de la montaña un panorama de infinita belleza, esos labios que hablaban de paz y que hoy no son escuchados, ¡ahora callan!

Señor de la palabra, nunca ha sido más elocuente tu voz que ahora, que se ha tornado en un silencio de resonancias infinitas. Enséñanos a callar y obrar, a ser con el testimonio, testigos de tu muerte y resurrección.

Y Jesús Yacente:

Jesús es conducido muerto. La muerte culmina en la vida de Jesús el mensaje de las Bienaventuranzas, que Él ha vivido en toda su extensión. Él ha sido el pobre, el manso y el humilde de corazón, el misericordioso que perdona hasta aquellos que le crucifican, el que pasó hambre en el desierto y sed en la cruz, el que nos trajo la paz y no sabemos aprovecharla por el egoísmo, el que ha dado su vida por nosotros.

A mí me emociona profundamente ver la procesión aparecer por el callejón de la Iglesia, a la Plaza García Haro, y la Calle Cervantes.

Y la Virgen de los Dolores, de la Esperanza, de la Redención, del Primer Dolor y de la Soledad, no son nuestras dolorosas albojenses imágenes gemebundas, ni afligidas, ni abrumadas por el peso de la tristeza. Su dolor es recogido, callado, nos invitan a pararnos en él, a dolernos con él y a acompañar a María. A todas como escribió San Lucas una espada le traspasará el corazón. Qué bien refleja esta actitud la liturgia cristiana cuando el día del Viernes de Dolores reza así:

La Madre piadosa estaba
junto a la cruz y lloraba
mientras el Hijo pendía;
cuya alma, triste y llorosa,
traspasada y dolorosa,
fiero cuchillo tenia.

¡Oh dulce fuente de amor!,
hazme sentir tu dolor
para que llore contigo.
Y que, por mi Cristo amado,
mi corazón abrasado
más viva en él que conmigo.

Hazme contigo llorar
y de veras lastimar
de sus penas mientras vivo;
porque acompañar deseo
en la cruz, donde le veo,
tu corazón compasivo.

¡Virgen de las vírgenes santas!,
llore ya con ansias tantas,
que el llanto dulce me sea;
porque su pasión y muerte
tenga en mi alma, de suerte
que siempre sus penas vea.

Amén

CONCLUSIÓN:

Señor, ayúdanos eficazmente con este recordatorio que es la Semana Santa, a verte en nuestros hermanos; ayúdanos a reconocerte, a servirte y amarte en todos nuestros compañeros de peregrinación. Porque sería una inmensa mentira emocionarnos ante tus imágenes del Jueves y el Viernes Santo si no te siguiéramos vivo en el camino de los hombres.

En esta sociedad, cada vez más alejada de Dios y de la Religión, este es el gran reto que tenemos que asumir.Y no hay que buscar formas muy complicadas de hacerlo. Sin descartar una seria formación religiosa, se puede hacer sencillamente. No hay mejor predicación que el ejemplo. Los padres y las madres que con sus hijos de la mano les van mostrando los distintos pasos de la procesión y lo que estos representan se convierten – los padres- en los primeros predicadores de fe, depositando en sus hijos el tesoro que recibieron para que ellos, a su vez, lo transmitan a las generaciones futuras, manteniendo esta cadena de fe y amor a Dios y a nuestras tradiciones.

Cuando a veces hasta el mismo creyente cuestiona el sí o el no de las procesiones, para mí, están justificadas desde el momento en que el incrédulo, en esos segundos de cruzar la mirada de las imágenes, se santigua con todo el disimulo, por si acaso. Algo le debe conmover, algún mensaje está recibiendo.

Entre los símbolos de esta celebración está el fuego nuevo con el que se enciende el Cirio Pascual, Luz de Cristo, luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. “Yo soy la luz y el que me sigue no anda en las tinieblas”, dice Cristo.

EPÍLOGO

Por eso, un pregón de Semana Santa, no es un anuncio, no es una convocatoria. ¿Acaso una interpretación? ¡quizá! Y ello por la complejidad de los actos que pregonamos; con actos, no cabe duda, profundamente religiosos, iba a decir exclusivamente religiosos al menos en su íntima naturaleza.Porque si existe la Semana Santa, es porque conmemoramos y revivimos unos hechos históricos que empiezan el Domingo de Ramos con la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, y que por el camino del dolor y de la cruz llega al estallido de la vida de la Pascua.

¡Aleluya, aleluya! ¡Cristo ha resucitado! ¡Aleluya!

He dicho.

 

Rafael de Jesús Toledo Romero
Albox, 29 de Marzo de 2003

 

 

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