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Señor Cura Párroco
Señor Alcalde
Señor Juez de Paz
Señoras y Señores Hermanos de las Cofradías de Semana Santa
Cofrades y amigos todos
Sean estas primeras palabras para agradecerles que me hayan creído digno, de ser el pregonero de la Semana Santa de Albox 1999. Quiero decirles que es un gran honor que he asumido con toda responsabilidad, y aunque no sé si el tono de mi voz será el mas adecuado, o si mis palabras conseguirán transmitir con claridad el mensaje de la Semana Santa, sí sé, y eso ténganlo por seguro, que el órgano vital, el corazón dará su nota más alta.
Y al presentador, a Tomas Pardo, muchas gracias por tus elogiosas palabras, que no hacen sino poner de manifiesto el principio de una gran amistad, forjada al amparo de la Cofradía a la que pertenecemos.
En segundo lugar permítanme que señale una prioridad: la de un recuerdo latente en algún lugar de la memoria, que aflora siempre en época de mi Semana Santa particular, por ser imagen primeriza, percibida cuando daba mis primeros pasos de maragullo, cogido de la mano de mi madre. Estoy recordando a tres albogenses de bien, a D. Simeón Rodríguez, a D. Juan Pedro Granados y a mi tío Blas Alascio, tres cofrades diferentes que, cada uno en su papel, fueron símbolo inequívoco de nuestras procesiones de mediados de siglo, cuando las imágenes se movían al ronco son de las horquillas. Vaya para los tres un especial recuerdo.
Por definición, Pregón es anunciar algo importante que va a suceder. Y sucede que estamos en el umbral de la celebración de un acontecimiento que dada su dimensión, podemos calificar de magno.
Nos disponemos a conmemorar, nada mas y nada menos, que el Misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.
Y en el marco en que nos encontramos, considero que esta celebración es ocasión propicia para la exaltación de la virtudes de la Semana Santa y de nuestras Cofradías. Este es, además, un momento importante para la vida de un cofrade por ser una oportunidad única para comunicar sus sentimientos personales.
Semana Santa
El mundo cristiano designa como Semana Santa, aquella semana que es anterior a la fiesta de la Pascua, o fiesta solemne de la Resurrección del Señor. Antes se denominó Semana de Pasión, expresión que procede de los antiguos Santos Padres de la Iglesia.Es la semana en que se conmemora el Misterio de la Redención.
Dado su carácter de gran acontecimiento, la Semana Santa tiene diversas interpretaciones, y sobre todo diversas formas de vivirla.
Desde una perspectiva cristiana, es esencialmente una celebración religiosa.
Pero también, y por otro lado, la Semana Santa se caracteriza por ser una manifestación tradicional y cultural cuya raíz está en el pueblo, es aceptada por él, y transmitida de generación en generación.
La Semana Santa se configura como una sucesión de episodios en la que se mezclan lo divino y lo humano, el paisaje y la luz, el color y las flores, las gentes que creen y participan, y las que no creen y miran solamente el espectáculo. Es en definitiva una mezcla de manifestación externa y de meditación interior, en cuyo término medio está el equilibrio, y la ecuanimidad para entender su significado.
En cuanto manifestación externa, en la Semana Santa no se pueden dejar a un lado las procesiones, ni los tronos, ni los capuruchos, ni las señoras con teja y mantilla, ni las bambalinas, ni los tambores, ni la música. Nadie puede dejar de oler el perfume de las flores que adornan los tronos, ni de contemplar las velas que arden, poniendo notas de amor y dolor en las caras de las vírgenes. Esto es lo externo: Lo que va por la calle desde la primera Cruz hasta la Presidencia oficial, que si se hace con devoción y dignidad cristianas, puede llegar a ser valiosa catequesis plástica, en su recorrido por calles y plazas.
Pero cuidado, no nos quedemos solo en ese aspecto que es el aparente y superficial. La Semana Santa adquiere su auténtica dimensión cuando se vive desde ese otro aspecto primario y fundamental, como es el religioso.
Por no se qué extraño prejuicio, existe hoy la tendencia a rehuir lo profundo y hondo de la vida. Prima lo material, lo superficial y a veces se presume de llevar una vida frívola y vacía. La Semana Santa es una buena ocasión para meditar ese compendio de virtudes que nacen del Misterio de la Redención, de la Pasión y Muerte de Cristo. Yo invito a todos a meditar su verdadero sentido religioso, a profundizar en lo fundamental y a vivir una religiosidad intrínseca, sin aspavientos.
Porque la Semana Santa es conmemoración. Es recuerdo. Es renovación de ecos y proyecciones de futuro. Es tiempo de meditación trascendente de la Vida, como paso para otra distinta, marcada por una idea de justicia aquí inexistente y por una compensación de la fe que se ha adquirido a lo largo de los años.
La Semana Santa es tiempo de reflexión para ir hacia la luz.
- “La luz, dice la Biblia, no se pone debajo de un celemín, sino en lo alto de un candelero para que alumbre”.
Y la Semana Santa crea el ambiente propicio para ir hacia la luz, para redescubrir el mundo de los valores y para adquirir compromisos que merezcan la pena, lejos de experiencias pasajeras que solo satisfacen momentáneamente.
La Semana Santa viene a ser como un remanso de paz para el espíritu, aunque sea una fatiga para el cuerpo. En el fondo, es como un respiro, es como una toma de aliento para buscar caminos nuevos que corrijan los viejos, si no son aptos.
Lo externo y lo interno. Una buena conjunción de ambos. Una excelente mezcla de lo tradicional y lo religioso.
Y ahí está el secreto para comprender en su autentica medida el significado de la Semana Santa.
Las Cofradías
El mundo cofrade ofrece un excelente escenario de actuación colectiva, para participar en la Semana Santa. Para vivir la Semana Santa, nada mejor que integrarse en la Cofradías.
El origen de las Cofradías hay que situarlo a raíz de la celebración del Concilio de Trento. El movimiento religioso, cultural y político emanado de este Concilio, y destinado a combatir los efectos de la reforma protestante, fue la Contrarreforma.
Este movimiento tuvo grandes repercusiones que sirvieron a la Iglesia en la predicación, en la evangelización y en las misiones, y también en todo el ámbito cultural, contribuyendo al nacimiento de un nuevo estilo en las artes: el barroco, entendido como expresión de la espiritualidad del pueblo.
Fue durante el siglo XVII, cuando en España se fundaron numerosas Cofradías, para auxilio a los enfermos de epidemias, y para defensa de los gremios que se desarrollaron en la época. En Albox, como fruto de la presencia de la Orden Franciscana, se crearon las Hermandades del Santísimo Sacramento, de San Roque, de Nuestra Señora del Rosario y de las Ánimas.
Es esta de las Cofradías una forma de hermandad, destinada a dar un cierto sentido a hombres y mujeres que, deseosos de alcanzar un mínimo de grandeza en sus vidas, encuentran en ellas el marco adecuado para realizarlo.
Por ello, modernamente a las Cofradías hay que asignarles una misión de futuro, que deberíamos valorar en toda su importancia.
Especialmente los jóvenes cofrades, han de asumir una misión evangelizadora destinada al hombre moderno, al hombre agobiado por su afán de dominación, pero que también es capaz de rechazar la mediocridad que caracteriza a nuestra sociedad actual.
Dar culto a Dios; realizar una cierta tarea social y dar testimonio de la fe, son tareas tan nobles que, sin lugar a dudas, la persona que dedique a ello, de una forma sencilla y desinteresada, una pequeña parte de su vida, sí que es envidiable. Y en el ámbito de las Cofradías hay que dar ejemplo y testimonio constante de nuestras creencias, no cimentándolas solo en gestos como echarse al hombro un Cristo o una Virgen una vez a año, o en asistir a los Oficios y se acabó. Eso es quedarse en la superficie. El mundo cofrade ha de ser sobretodo vehículo que ponga de moda el siempre actual mensaje evangélico, dirigido a loshombres y mujeres de nuestro tiempo.
Demos validez a este mensaje. Pronto en Albox, y en el mundo cristiano, vamos a sacar nuestras imágenes a la calle, vamos a representar la Pasión y Muerte de Jesús para ofrecerle al hombre una filosofía y una forma de vida distinta. Hagámoslo con fe y devoción, participando como Hermanos Cofrades en los Oficios del Tríduo Pascual, para que nuestra presencia contribuya a una mayor profundidad y calidad del mensaje que las Cofradías intentan transmitir al pueblo.
Estación de penitencia
Los cristianos viven la Semana Santa como una manifestación de fe sobre todas la cosas, y su celebración externa converge en la estación de penitencia.
La estación de penitencia recuerda la marcha del pueblo de Israel por el desierto hacia la tierra prometida. Rememora la necesidad de la penitencia como acto de purificación y preparación para entrar en la casa del Señor.
La estación de penitencia hoy, gira alrededor de la exaltación eucarística, por cuanto la Eucaristía es el memorial de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, y por ello existe la costumbre, en muchas Cofradías de acudir al Templo a orar ante el Santísimo.
Todo el acto penitencial de la procesión es una constelación de símbolos.
Casi todas las procesiones van precedidas por una primera insignia: la Cruz, que toma su simbología del cuerpo místico de Cristo y es el símbolo de la Redención. Numerosos Cofrades cargan su cruz durante todo el trayecto penitencial, como acto de fe o de promesa, y para dar testimonio de la reconciliación cristiana. La cruz, que según la tradición medieval es considerada como el Árbol de la Vida, en muchos lugares tiene su propia celebración popular.
El cuerpo de nazarenos representa el pueblo de Dios redimido, y llevan sobre su cabeza el capirote que cubre la cara, y que simboliza la culpabilidad de las faltas y la necesidad de redimirlas. Están llamados a la penitencia, y abren paso al cortejo que camina hacia el Gólgota, donde Cristo es glorificado como inocente.
Cofrades e imágenes se funden en una sencilla muestra de religiosidad.
Entre los Cofrades figura el Hermano Mayor y los Hermanos de luz o de cruz, según porten velas o cruces, acompañados por los Mayordomos. Cierra el cortejo el Clero con sus distintivos eclesiales.
Las Imágenes en su recorrido, son las figuras centrales. Son puestas en escena merced al movimiento acompasado de los anderos y al acompañamiento de la música y los tambores. Son como algo vivo que transmiten devoción y son objeto de veneración.
Las procesiones
Y dicho esto, ya casi sin darnos cuenta, nos hemos metido de lleno en los días de Semana Santa
Ya huele a cera y en el ambiente general se respira una emocionante actividad. Comienzan los preparativos, se arreglan los tronos, se dan múltiples puntadas, se reparten las túnicas y una cierta zozobra nos invade: Lloverá o hará buen tiempo. Se atienden mas que nunca las informaciones meteorológicas.
De aquí a muy pronto, es Domingo de Ramos. Por la mañana la Plaza del Pueblo se convierte en la nueva Jerusalén. Es un día alegre y luminoso. Es un día triunfal. Salimos a recibir a Jesús con palmas y olivos.
Pero nadie puede imaginar que lo que hoy es alegría y luminosidad, bien pronto setornará en noche oscura, pozo sin fondo, tristeza infinita.
Pasan el Lunes, el Martes y el Miércoles Santos entre horas de briega y ajetreo. La leyenda cristiana cuenta que Jesús y María, conversaban largamente en su retiro de la aldea de Betania, caminando por entre senderos rodeados de huertos.
Ya es Jueves Santo.
Es mañana de arreglo floral y tarde litúrgica. Es tarde de oficios. Al término de la celebración religiosa, se hace la procesión del Santísimo hacia el Monumento y, a la caída de la tarde desde la iglesia parroquial, la Virgen de los Dolores, hace su salida procesional tras el trono de Jesús: su Hijo Atado a la Columna, donde es humillado y azotado.
Albox se ha concentrado en la Plaza. Las puertas de la iglesia abiertas, dejan ver a la Virgen Dolorosa, su mirada baja y con siete puñales clavados en su corazón, dispuesta para emprender el doloroso camino hacia el Calvario. Es la imagen de la desolación.
Se oye el redoblar de los tambores que le acompañan, y la gente está expectante. El señorío y la elegancia se conjuntan indivisiblemente a la hora de contemplar esta imagen, una de las mas antiguas y veneradas de nuestras hermandades, que cuenta además con una enorme cantidad de devotos. La expresión de su rostro es propia de una Madre que padece el sufrimiento de la tortura de su Hijo.
Este oratorio callejero, esta capilla ambulante, se encamina lentamente hacia las calles altas del pueblo mientras el Sol traspone por el horizonte y en la penumbra, entre dos luces, el cielo adquiere un color rojizo, presagio de anochecer luctuoso.
A las 12 de la noche, en esa hora fronteriza en la que acaba un día y comienza otro, la hora santa se hace oración ante el Monumento al Santísimo y el recogimiento dela gente sencilla, desgrana un sin fin de plegarias y rezos, de meditación interior. Es hora apropiada para hacer balance del sentido de nuestra vida, de los talentos bien empleados, de la familia, del poco o mucho trabajo. Es hora también de atender los negocios del alma.
Se reviven las estaciones del Vía Crucis y se recuerdan las ultimas palabras de Cristo en la Cruz.
Cristo está a punto de terminar su enseñanza. Y aún antes del último suspiro, nos dejará un mensaje de Amor que perdurará hasta el fin de los tiempos.
- "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen."
El hombre de hoy, que cuestiona la familia, que ignora la jerarquía y que desprecia la religiosidad, en un acto de atrevimiento sin límites, hasta quiere certificar la muerte de Dios y pretende enterrar su doctrina.
También hoy, como en el Calvario, no sabe lo que se hace.
Aquietado el animo, sosegado el espíritu nos adentramos en la madrugada del Viernes Santo.
Al filo de los gallos, las sombras se alejan y despunta el alba. Es Viernes Santo: el 14 de Nisán de los hebreos.
Quizás amanezca un día radiante.
El pueblo de Albox, con sus mejores galas, acude a la cita de la Loma. Unas cuantas vueltas, el paso del Puente, la calle Ancha y ya son las 11 de la mañana.
Asoma el primer estandarte, los nazarenos con túnicas coloradas le siguen, y uno tras otro forman una fila interminable.
Y en medio de tanto nazareno, San Juan, con su esbelta palma, y la Virgen del Primer Dolor y Cristo Crucificado, inician su recorrido matinal. Ya están Madre e Hijo frente a frente y el discípulo amado como testigo. A Cristo ya le falta el aliento, pero antes de expirar pronuncia estas palabras:
- “ Mujer he ahí a tu Hijo...”
- “ Hijo, he ahí a tu Madre ...”
Cuánto sabemos de esto las gentes de Albox, que tenemos la suerte de tener la Virgen por Patrona y por Madre: ¡la Virgen del Saliente!, a quien nos hemos entregado de lleno, no solo en nuestras penas y en los momentos difíciles en que imploramos su intercesión, sino también en los momentos de alegría, ofreciéndole nuestros ruegos y promesas. Qué orgullo y qué suerte para todos nosotros, el de contar con esta celestial protección.
"Vencido el mediodía,
se cubren de luto los montes,
dan gritos las piedras en duelo,
y Jesús inclina la cabeza."
Es la hora nona.
Con haber sido la del Viernes una gran mañana, no acaban con ella las salidas procesionales. Hoy es día grande y deben continuar. Apenas nos hemos repuesto de la mañana intensamente vivida, ya mediada la tarde, nos encontramos de nuevo a las puertas de la iglesia del Pueblo con la estampa de Jesús Orando en el Huerto. Esta imagen en trance de su agonía, y que pide"si es posible pase de Mi este Cáliz", representa la fuerza de la oración con Dios, representa el principal cauce de comunicación de los hijos con su Padre. Y si es cierta nuestra amistad filial con el Padre, entonces podremos volver la cara y mirar confiados a la Virgen de la Esperanza, color verde y blanco, que muestra su belleza a un pueblo que va a contemplar la Pasión que comienza. Una Esperanza viva que en el plan de Dios, subsiste para siempre.
Cuando avanza la procesión, la silueta de una cruz vacía mece el sudario. Un nuevo episodio se nos presenta, distinto..., diferente. Es la comitiva de la Virgen de las Angustias. El grupo escultórico representa a Cristo muerto en el regazo de su Madre, escena situada al pié de la cruz, de la que acaba de ser descendido el cuerpo sin vida del Señor. Llama especialmente la atención, la expresión de tristeza del rostro de la Virgen, que clava sus ojos sobre el patético cuerpo del Hijo muerto.
En el silencioso diálogo que parecen mantener Madre e Hijo, esta Virgen piadosa manifiesta su pesar con versos del poeta:
“No os lo llevéis tan pronto, que es mi vida.
Dejadlo ahora en este triste abrazo
y que el llanto me queme como un fuego.
Dejad que lo contemple dolorida.
Dejadle un poco mas en mi regazo,
que tiempo habrá para enterrarle luego”.
La plaza es un hervidero. Se pone en marcha un caminar de fe, que recorre las principales calles del pueblo en perfecto orden y religiosidad.
Poco a poco la emoción llena la tarde. Las cabezas se visten de capirotes moraos. Está cercana la hora, y cuando el crepúsculo vespertino empieza a tender su manto oscuro, una imagen que soporta una cruz sobre su hombro, flota con el suave balanceo que produce el movimiento, de los anderos que la trasladan.
Con lentitud se mueve el trono. Es difícil y delicada la salida.
Y al punto, en el arco frontal de la iglesia, el perfil del Nazareno; el mas humano por ser Divino, con el peso de los siglos en sus espaldas, empieza su anónimo peregrinar en la noche del tránsito supremo.
Esta imagen es el punto de partida de la Cofradía de Jesús. Es su esencia, promueve su titulo y su color. Cuando pasa el Nazareno elevado sobre el altar del trono en actitud atormentada, desecho de los hombres, pasan lustros de recuerdos nazarenos de las gentes de este pueblo. Su contemplación muestra el atentado a la vida del Justo.
Y así, consciente de ello, el pueblo de Albox, se pone su túnica de penitente para compartir la Pasión de Jesús.
Cuánta tradición, cuánta solera. Majestuoso sobre el monte de claveles, ha salido el Amigo de siempre, que volverá a su templo, ya bien entrada la noche, después de recoger tantas y tantas plegarias, dispersas por las esquinas.
La Virgen se une al cortejo.
El autor de la talla, ha plasmado una bella imagen de mujer, en la que destaca la ternura de su mirada y la armonía de sus formas. Es María Santísima de la Redención.
La Virgen lleva en su trono una escolta de velas blancas, que representa la fe de la multitud de creyentes, y camina bajo el Palio que simboliza la gloria de Dios que cubre a su Madre.
Su paso es callado porque Cristo ha muerto.
Jesús, Dios y Hombre, el misterio al cabo de todas las reflexiones, ha traspasado el quicio de la muerte, después de sufrir por todos, en el interminable ocaso del tiempo.
Desde la paradoja que representa su infinito poder, en contraste con la humanidad de su muerte, se puede comprender el momento cumbre de la celebración, cuando el Sepulcro donde descansa el cuerpo de Cristo, sale a la calle, convirtiendo su presencia en un acto de oración colectiva.
Esta vivencia, en el pórtico del siglo XXI, aun persiste cuando, desde lo alto del campanario de la torre de la iglesia, la luna de la Parasceve ilumina el dintel de la puerta de Santa María, donde se dibuja el sentimiento barroco del Santo Sepulcro llevado a hombros, por los hijos o nietos de los que de generación en generación, han venido perpetuando la memoria de la muerte del Señor, representada en este paso de Misterio.
Cuánta solemnidad, cuánto recogimiento. Qué vuelco da el corazón cuando el trono inicia su andadura a los sones de la Marcha Fúnebre, y enfila la rotonda de la plaza, camino del Barrio Alto, para cumplir la centenaria tradición de salir en procesión año tras año, sin descanso alguno.
Pasada la media noche, la procesión termina y el Sepulcro se cierra. Un hondo vacío queda en el lugar que otras cosas ocuparon.
Epílogo
Se ha consumado el proceso. Estamos llegando al epílogo.
Durante el sábado están quietas las campanas. El Sepulcro descansa. La tarde termina entre horas de incertidumbre.
Vencida la media noche, en la Vigilia Pascual se hace la luz, y los cirios anuncian la Gloria de Dios entre cantos de letanías.
Amanece el nuevo Génesis: ¡Cristo ha resucitado!.
Cristo de pie sobre la muerte, y el Sol gritando la noticia.
Y ha sido necesario que así ocurriera, para que se cumplieran las profecías, y el hombre nuevo estrene claridad de corazón, logre tiempos de gozo y eficacia, y su vida se acerque más a la Verdad.
Y todo esto, ha sido necesario proclamarlo, para que así el Domingo de Resurrección - el día en que actuó el Señor - alcance su verdadero sentido, y sea considerado el día más importante, el día del triunfo de la luz sobre las sombras, de la alegría sobre la tristeza, de la felicidad sobre el dolor; en definitiva, el día del triunfo de la Vida sobre la Muerte.
20 de Marzo de 1.999.
José Giménez Soria
Cofradía de Ntro. Padre Jesús Nazareno.
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