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Pregón Semana Santa Albox 1991

 

Mi presencia en este lugar corresponde a la amable invitación de la Junta de Cofradías de Albox, -y a la atenta anuencia de los señores sacerdotes de nuestras Parroquias-; deferencia que merece la expresión de mi más sincera gratitud:
        A los sacerdotes.
        A la Junta de Cofradías.
        A la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, a la que me siento tan vinculado, creo que desde el momento mismo en que recibí las aguas del Santo Bautismo.

A las Cofradías de San Juan Evangelista, de Nuestra Señora de las Angustias y de la Virgen de los Dolores, a las que siempre he profesado sincero respeto, cariño y admiración, por razones que bien conocen sus cofrades y directivos, los de ahora y los de antes.

Y a todos los presentes por vuestra asistencia y atención.

Esta gratitud se torna en confianza ante la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno; ante las de María en las distintas advocaciones a las que rinden culto las cuatro Cofradías; al impetrar la luz del espíritu, para que mis palabras vengan a ser expresión cabal y fiel del sentir, querer y hacer de todos los hijos de Albox, en el pórtico de la Semana Santa, cuando nuestro pueblo se dispone a vivir, un año más, los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección del Redentor, asistiendo a los cultos litúrgicos en las Iglesias y renovando la manifestación pública y popular de fe que constituyen las procesiones organizadas por nuestras Cofradías; procesiones más que centenarias, caudal valioso e nuestro patrimonio espiritual y parte indeleble de las señas de identidad y de la ilusión del pueblo.

Más que un pregón,-que supondría la publicación en voz alta de lo que conviene que todos sepan-, pretendo que estas palabras vengan a proclamar lo que todos sabemos y conocemos: la riqueza espiritual, la piedad y la devoción popular que significan la conmemoración solemne de la Semana Santa en las Iglesias, en las calles y plazas, en todos los lugares y en lo más hondo del corazón de los albojenses.

Me propongo, pues, por ese camino, acercarme con vosotros, -sacerdotes, cofrades y creyentes-, a la renovación litúrgica de la Iglesia, de forma que, como enseña el Concilio Vaticano II:

“…, conservadas o restablecidas las costumbres e instituciones de los tiempos sagrados de acuerdo con las circunstancias de nuestra época, se mantenga su índole primitiva para alimentar debidamente la piedad de los fieles en la celebración de los misterios de la redención cristiana, muy especialmente del misterio pascual.”

II

La imagen popular de San Juan Evangelista, iniciaba los desfiles procesionales en las épocas pasadas que recuerdo desde la niñez y sigue abriendo el que ahora tiene lugar durante la mañana del viernes Santo en el marco espléndido del barrio de San Francisco. San Juan inicia el cortejo procesional y anuncia por doquier el sentido de las secuencias de dolor y sacrificio que vendrán a continuación. Y esta antigua costumbre, encuentra, a mi juicio, sólido apoyo y razón de ser en los textos sagrados y en la vida misma de la Iglesia.

Cuando el Evangelista San Juan culmina el relato impresionante de la Pasión y Muerte del Redentor, -refiriéndose a la lanzada que le atravesó el costado y al instante salió sangre y agua-, agrega literalmente:

“Y quien lo vio es el que lo asegura;su testimonio es verdadero. Y él sabe que dice verdad, para que vosotros creáis”.

Juan , discípulo y vocero de Jesús, testigo de lo que pasó, proclama y divulga el mensaje redentor, ante el que importa la actitud y la respuesta de todas las generaciones. Juan esparce así una semilla que, fructifica y fructificará, en el pueblo de Dios.

“Pueblo, -como enseña el Concilio-, del que todos los hombres están llamados a formar parte, movidos por la fe…; pueblo, obra de la Redención, que realizó Cristo, el Señor, en pobreza y en persecución; pueblo que tiene por cabeza a Cristo, que fue entregado por nuestros pecados y resucitó para nuestra salvación…; pueblo en el que, a virtud de la catolicidad, cada porción colabora con sus propios dones,con los demás y con toda la Iglesia”.

Albox ha sabido responder siempre a ese mensaje y hacer que fructifique aquella semilla. No se concibe, por tanto, la conmemoración de tan sagrados acontecimientos sin la participación del pueblo, destinatario de la obra y de la comunicación redentora, a la que contesta mediante la exteriorización de un vivo testimonio de fe. Y pueblo, pueblo de Albox, son:

Las personas que trabajan sin cesar, tenaz y calladamente, a prueba de molestias, sacrificios e incomodidades, para poder materializar en sólo dos días solemnes, el esfuerzo permanente de todo un año.

Las manos piadosas que preparan túnicas y capas, cíngulos y capirotes, cetros, horquillas, faroles y velas.

Las que andan entre cables o baterías, tronos, cirios y bombillas

Las que preparan y se sirven de
        Juncos y mastranzos
        Rosas y claveles
        Gladiolos y tulipanes
        Violetas y alhelíes
        Adornos y ornato, delicado y precioso,
        De calles, altares y tronos.

Las que cuidan y acicalan, tierna, delicada y piadosamente, las imágenes y pasos.

Las que acuden al pueblo por todos los caminos en los días Santos; y las que retornan, -o retornamos-, haciendo un alto en el camino en tareas y responsabilidades, a fin de cultivar raíces profundas, renovar afectos, devociones y fidelidades.

Las que abarrotan templos, calles, plazas, esquinas y balcones.

Los esforzados anderos, peso de honor y devoción que se transmite de generación en generación.

Los mayordomos, cofrades y penitentes (pienso que no hay familia, profesión u oficio, calle o lugar de nuestro término, que no los tenga entre los suyos).

Las mujeres que lucen su belleza y mejores galas para acompañar dignamente a Jesús y María.

Las que cantan el Miserere o el Stabat Mater; las Llagas de Jesús o los Dolores de María.

Las que hacen realidad acompasados sones de tambores y cornetas o musicales marchas piadosas.

Las que rasgan la noche plasmando gritos de amor en las saetas, seguidas del silencio más completo que mueve a la meditación.

Todas esas personas o grupos, -y perdón por las que haya podido olvidar-, pueblo de Dios, pueblo de Albox, lo que están haciendo, sencilla y llanamente, es dar testimonio de fe, a través de una bella y significativa manifestación piadosa que forma parte de los dones más preciados y de la forma de entender la vida del pueblo de Albox ; pueblo que se honra en conservar devotamente fecundas tradiciones, heredadas del buen hacer de nuestros mayores, y sabe bien mantenerlas, renovarlas y actualizarlas cada año, para que en todo tiempo o circunstancia sirvan como proclamación de fe, instrumento de conversión y de servicio a la Iglesia.

III

Y cuando llegan estas fechas, con la novena de la Virgen de los Dolores y el Quinario en honor de Nuestro Padre Jesús, las cofradías, familias y el pueblo entero, animado del mismo espíritu, intensifican su quehacer, detalles y preparativos, a fin de que todo esté a punto, debidamente organizado, los días claves de la Semana de Pasión, Jueves y Viernes Santo, en que se conjugan tan amplia gama de voluntades, sentimientos y actividades, en torno a los altares, monumentos y desfiles procesionales.

Tarde-noche del Jueves Santo, que tanto mueve al fervor y al recogimiento. Vamos a contemplar y a conmemorar a Jesús en el Cenáculo y en el Huerto de los Olivos. Efluvios de amor y de enseñanzas indelebles inundan el alma:

Lección suprema de humildad y servicio en el lavatorio de los pies a sus discípulos; llamada vehemente a la limpieza de conciencia y de corazón.

Institución de la Eucaristía; la del sacrificio y sacerdocio de la nueva Ley.

El mandamiento nuevo; el de la caridad total, completa e inmolada.

Esa noche, este año, desfilará la Cofradía de la Virgen de los Dolores:

Con el paso de Jesús atado a la columna; la flagelación, mezcla de crueldadcobardía, sometida a nuestra reflexión, porque no me atrevo a romper el silencio elocuente, que los cuatro evangelistas, sobrecogidos, guardan sobre sus detalles.

Y la imagen de Nuestra Señora de los Dolores; catequesis renovada, una vez más, de entereza, fortaleza y dolo cristiano ante la que he visto conmoverse y confortarse a muchas almas nobles y buenas de este pueblo

Y restará tiempo, a buen seguro, para rendir visita a Jesús Sacramentado, en los monumentos adornados de las parroquias. Y para seguir pensando, ante ellos, o en el itinerario, sobre: el coloquio del maestro con sus discípulos, confidencial, íntimo y prometedor; la oración sacerdotal, la oración y prendimiento del Señor en el Huerto Getsemaní, como mejor y más adecuada preparación al entendimiento y fecundidad de la contemplación de posteriores desfiles procesionales.

Mañana hermosa e incomparable del Viernes Santo. El sol brilla más que otros días, o lo hace de un modo muy especial. Sin duda porque sus rayos tienden directamente a iluminar el fondo de los corazones. El cielo está más azul que ningún día, invitando a mantener la mirada hacia lo alto. Y en ese ambiente, renovado y primaveral, los pasos de la Cofradía de San Juan Evangelista recorren las amplias calles de la Loma:

San Juan Evangelista, el discípulo amado, el apóstol joven, a quien sigo invocando como el de la invencible constancia y fidelidad.

La Virgen del Primer dolor: una primera espada le atenaza el alma, al escuchar el anuncio profético sobre el sentido y destino de la vida del Niño Jesús. Y proclamación a su presencia de cuatro dones impagables: la paz, la salvación, la iluminación y la gloria.

Y Cristo Crucificado por amor al hombre; luz y salvación del mundo, cuya contemplación anticipa el espíritu de las demás vivencias y emociones que nos esperan ese día.

Conmemoración litúrgica de la Pasión, Crucifixión y Muerte de Jesucristo, Redentor del mundo. –Estaciones del Vía Crucis y siete palabras-. Oración universal de la Iglesia. Adoración de la Santa Cruz; cruz, instrumento antes de suplicio, signo ya de victoria, porque la muerte y el mal han sido vencidos en ella.

Al atardecer solemne del Viernes Santo, salida y procesión de la Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias; Cofradía de fecunda historia y amplio arraigo social, que siempre ha sabido cuidar, con especial esmero y acierto, detalles, matices y pinceladas, capaces de dar expresión auténtica sobre el sentir de la fe de nuestro pueblo. Y me detengo ante el paso de su titular, junto a la multitud que espera y observa la brillante procesión; al pie de la cruz, el cuerpo sin vida de Jesús sobre el regazo de la Madre; y en el rostro de la Señora, el dolor intenso del momento no desvanece un gesto confiado de esperanza, ni la ofrenda amorosa, a cuantos la miran, de la víctima sacrificada en aras de la salvación de la humanidad.

Noche del Viernes Santo. Misterio insondable de Jesús en el sepulcro; el grano de trigo muerto en la tierra, que dará abundantes frutos de vida.

Procesión de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús, de Nuestra Señora de la Redención y del Santo Sepulcro de Cristo.

Contemplo, respetuoso y emocionado, en severo silencio, las imágenes de Jesús y de María, figuras centrales de la historia real, -de sufrimiento, entrega y sacrificio-, que estamos rememorando. Y me detengo ante el Santo Sepulcro, en misterio de unidad, junto al pueblo de Albox, porque el Santo entierro de Cristo rompe todos los moldes organizativos, para ser en la calle la manifestación cumbre de nuestra Semana Santa, con la presencia masiva de todos los albojenses, en torno a la figura de cristo Yacente.

Silencio y misterio en la noche del Viernes Santo. Albox, donde se han escrito libros completos de bellos poemas dedicados a la experiencia de la noche y a San Juan de la Cruz, lo sabe muy bien. Diego Granados lo ha escrito:

“¿Cómo no he de creer en la profética
resurrección gloriosa de la carne
si la mía, como halo de milagro
renace de la noche cada día?”

Mas para comprender la esencia de fe tan gozosa e iluminada, hay que buscar con los místicos hasta lo más hondo de la noche oscura del alma. Y esta es la reflexión de un pueblo que camina, sumido en el dolor y la aflicción, hasta dejar a Jesús en el sepulcro, cerrado bajo una losa. Y amparado en la quietud de noche tan singular, siente problemas, angustias y necesidades, -la salud, la paz, el trabajo… Las cuitas propias y más íntimas de todos y cada uno de sus hijos-, acompañando a Cristo, exangüe y muerto, y alumbrando ya la claridad, la aurora y la plena luz del día.

Bien lo expresaba San Juan de la Cruz:

“Aquesta me guiaba (la noche)
más cierto que la luz del mediodía
a dondeme esperaba
quien yo bien me sabía
en parte donde nadie parecía.”

Y al fondo, el eco lejano, cada vez más próximo y perceptible, de la voz del Maestro:

“Y en el mundo habéis de tener tribulación,
pero confiad;
yo he vencido al mundo.

Y todavía, antes de alcanzar aquella luz, en plena noche de Viernes Santo, resta un rito por cumplir y conmemorar: acompañar a María en su soledad, movidos de respetuoso fervor y recogimiento, como último acto que cerraba tradicionalmente las manifestaciones públicas de nuestra Semana Santa. Acto que ahora tiene lugar la noche del Sábado Santo, dentro del mismo espíritu y con el debido sosiego.

IV

Llegados a este punto, en un lugar sagrado como el que nos acoge, resultarían vanas estas palabras de no tornarse en oración.

A Nuestro Padre Jesús en todos los momentos de su Pasión y Muerte, para que Albox:

Cultive sus piadosas tradiciones, las conserve celosamente y sepa adaptarlas a la realidad social y a las necesidades de cada tiempo.

Que viva en los templos el espíritu auténtico de las conmemoraciones litúrgicas de tan sagrados misterios.

Que transforme sus calles y plazas en templo digno y respetuoso.

Y el corazón de cada uno de los albojenses en templo de:conversión, reconciliación, gracia, temor de Dios, confianza en su misericordia, diálogo y comprensión hacia los demás, respeto al hombre, a su dignidad y a sus derechos, caridad, colaboración y solidaridad, especialmente con los más olvidados y necesitados.

Y a María, bajo todas las advocaciones de nuestra Semana Santa. A maría, Madre de dios, Madre de Cristo y Madre de los hombres en todas las gracias, con las palabras del Pontífice Juan Pablo II dirigidas a la Virgen de su tierra natal:

Logra para nosotros la gracia de renovarnos continuamente, a través de toda la belleza del testimonio dado por la cruz y la resurrección de tu Hijo.

Oh, Madre, cuántos problemas podríamos presentarte en este encuentro, detallándolos uno por uno. Te los confiamos todos, porque Tú los conoces mejor que nosotros y los tomas a tu cuidado.


Y termino ya; pero no sin recordar a María Magdalena, - cuya imagen forma parte del desfile procesional del paso blanco-. No la olvido, porque vamos a seguir con ella, buscando a Jesús después de muerto. Y si en principio encontramos el sepulcro vacío y quitada la piedra, continuaremos porfiando en la busca. El Maestro le salió al encuentro y se el apareció. Nosotros lo vamos a encontrar también en la solemne vigilia Pascual, el día más grande que ha hecho el Señor, para cantar el “Aleluya” glorioso de la gran fiesta cristiana, porque Cristo resucitó de entre los muertos.

 

D. José Rodriguez Jiménez

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