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La talla actual de Nuestra Señora de los Dolores se atribuye al imaginero granadino F. Correa Antúnez, aunque los más viejos de la villa alegan que es de autor desconocido, y procede de 1940. Corresponde al modelo iconográfico del STABAT MATER, representando a la madre de Cristo en el Calvario, al pie de la cruz, triste pero con moderación, llorando, pero sin perder la esencia de su hermosura.
Tiene tallados el rostro, con ojos y lágrimas de cristal, el pelo en la misma cabeza recogido graciosamente bajo la nuca, y las manos bellísimas y separadas, en postura de oración.
A diferencia de otras imágenes marianas de la época, su vestimenta no ha evolucionado hacia influencias “sevillanizantes” de anchos hombros y profusión de encajes, sino que mantiene el aspecto de las Dolorosas de la Escuela Granadina desde el siglo XVIII, costumbre muy extendida en las provincias de la llamada Andalucía alta, así como en las cercanas regiones levantinas. Consiste en pectoral (más o menos bordado), de color claro en nuestro caso, manto negro sujeto en la barbilla, bajo el cual se rodea la cabeza con una gola que se convierte en rostrillo de puntillas que enmarca el rostro y deja entrever el cabello de la Virgen sobre su frente. En su cabeza, una diadema de doce ráfagas que culminan con las doce estrellas símbolo del título de Reina de los Apóstoles, con la Santa Cruz evocadora de la Redención en el centro, y sobre el pecho, el corazón con los siete puñales que identifican su advocación de dolorosa.
En su mano izquierda sostiene un fino pañuelo de encaje, y a la derecha porta una sortija de oro y brillantes.
Las prendas que luce en la procesión son las donadas por Da. Brígida Fernández en 1940, confeccionadas en pana italiana negra y bordadas en oro por las Hermanas Trinitarias de Granada, al igual que el manto, con el Ave María en su centro, y el Palio, con alegorías de la Pasión. La diadema de plata también data del mismo periodo. Durante el resto del año, cuando permanece en su hornacina, porta las prendas más antiguas que posee la cofradía: “pecherín” y saya pertenecientes a la imagen destruida en 1936, y diadema de ráfagas en plata de ley, pieza muy valiosa del siglo XVII.
Recibe culto, desde su adquisición, en la Iglesia Arciprestal de Santa María, en el lateral izquierdo de altar mayor, junto a la capilla del Sagrado Corazón de Jesús, en un pequeño camarín bajo el cual se sitúa un sencillo altar de graciosa iluminación. Hasta 1999 se rodeaba de unas pinturas muy simples que simulaban un retablo de estilo gótico, que la última restauración y adecentación del templo han eliminado, borrando el conjunto estético de las últimas décadas, y dejando un rincón excesivamente vacío, que la Cofradía tiene en proyecto ornamentar en armonía con la belleza de la imagen.

Dos han sido los tronos que han procesionado a la Virgen. El primero, de reducido tamaño, en madera con tallas doradas y reminiscencias góticas, data de 1940 y fue obra del tallista local José Ibáñez. El nuevo trono, estrenado en 1989, lo realizó el orfebre granadino Rafael Moreno. Consta de una plataforma rectangular recubierta de alpaca repujada y plateada, con doce varales de palio que sostiene la toldilla, elaborados en el año 2000 en alpaca cincelada a mano en el taller de D. Cristóbal Angulo Ramírez, de Fuengirola. Este mismo artista ha realizado los dos arbotantes de manto o candelabros de cola, que se incorporan al paso ese mismo año jubilar y realzar así la visión trasera del paso de palio.
El paso de la Virgen de los Dolores es portado por 30 anderos, dirigidos por D. Agustín Riquelme, actual mayordomo.
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