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Señas de Identidad

BREVE REFERENCIA DE LOS ELEMENTOS DEFINITORIOS Y RASGOS MÁS PECULIARES DE LA SEMANA SANTA ALBOJENSE


La peculiar situación geográfica e histórica de nuestra comarca, al igual que en el resto de la provincia de Almería, hacen que las celebraciones penitenciales propias de la semana santa tenga influencias notables de otras zonas, tanto de otras provincias andaluzas como de Levante.

En primer lugar, porque Almería se incorpora a manos cristianas cientos de años después de que lo hicieran la Andalucía Baja y otras zonas de España (Albox lo hizo en 1.488 con la Toma de Vera por los Reyes Católicos). Por este motivo, la formación de hermandades y cofradías, así como de sus manifestaciones públicas, se hizo a semejanza de lo que ya había en otras partes, y por ello, bajo su influjo.

Por otro lado, impone su sello la situación geográfica del Valle del Almanzora como paso intermedio entre ambas regiones, y la división eclesiástica del entorno, confluyendo diversas diócesis en sus cercanías.

Así pues, se puede exponer un recorrido por las influencias que han calado en la celebración de la Semana Santa de Albox.

Comencemos con la zona levantino-murciana, vía Huércal Overa. Es evidente que se da un paralelismo con la ciudad de Lorca en la denominación de las Cofradías por sus colores (como en Pulpí, Cuevas del Almanzora, Huércal Overa y otras poblaciones cercanas). También la presencia iconográfica de San Pedro, que sacara el Paso Morao, es muestra de similitud con la zona de Cartagena, al igual que el rítmico acompasar de las casi extinguidas horquillas de los anderos. De Murcia es clara influencia la estética al estilo huertano del paso sin palio de la Virgen del Primer Dolor, y la Oración en el Huerto, claros seguidores del estilo del escultor Salzillo.

Otras costumbres de aquellas latitudes pueden ser la casi desaparecida del reparto de caramelos por los nazarenos (relegada a las procesiones infantiles), y los llamados “acatamientos”, celebrados en la mañanadel Domingo de Resurrección en los años cuarenta y cincuenta, muy similares a las “cortesías” o “reverencias” de otras localidades levantinas.

La otra gran influencia de nuestras celebraciones pasionales es la de la Baja Andalucía, entendiendo por tal al conjunto de provincias más occidentales de nuestra región. Este influjo es prepoderante y ascendiente en los últimos años, debido a la repercusión de la identidad autonómica común, y al hecho de que es en Sevilla donde se inicia el resurgir cofrade tras la crisis de los años setenta.

Así pues, ejemplos de estética hispalense son el barroquismo dorado de los tronos de las Angustias y el Nazareno, y la profusión de bordados y dorados en estandartes, banderas y palios. La última de las imágenes adquiridas por una cofradía albojense, Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Silencio en su Tercera Caída es el más claro ejemplo de este tipo de concebir el arte cofrade. En el paso de la Redención, incluso la vestimenta de la imagen se influencia, con infinidad de encajes y puntillas, así como el exorno floral del paso, con pomos de claveles y flores de cera. Las candelerías de los pasos de palio, así como los arbotantes o candelabros de cola son otra clara muestra de estos elementos en la concepción artística del patrimonio de una cofradía.

También los materiales evolucionan, apareciendo la alpaca plateada en los tronos y varales, o el terciopelo en las túnicas y capas de los nazarenos donde antes primaban los tradicionales madera y raso o tergal.

Mención aparte merece la Virgen de la Esperanza, la más malagueña de las que desfilan en Albox, con un trono que combina la madera dorada con lo plateado de su candelería. Otro rasgo en este sentido puede ser la adopción por los anderos de algunos pasos (colorao y blanco) de indumentaria de traje, dejando atrás la costumbre de las túnicas.

Otro índice de esta importación de costumbres son el gusto sevillano en la música y la abundancia del uso de nuevos términos cofrades.

Así pues, Semana de Pasión en Albox, simbiosos del orden cartagenero y del aspecto lúdico murciano, con la elegancia del estilo malagueño y la solemnidad y riqueza patrimonial y musical sevillana.

Pero sin olvidar nuestro sentimiento particular, sin dejar de mantener lo propio, los maragullos, la ilusión primera de las procesiones infantiles, el desfilar de los negros por el Barrio Alto, el agobio del Viernes Santo y sus jerifalques, el sol radiante de la mañana lomera y el nubarrón de la tarde blanca, la picailla, la quietud en la procesión del Señor.

Y las meriendas, nuestra rambla, el hornazo…

 

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