|
ALEGRIA CRISTIANA EN LA SALIDA PROCESIONAL Y...
Transcurridas varias semanas del tiempo ordinario en el año litúrgico, tras la Navidad, la Cuaresma se nos ofrece a los creyentes y cofrades como el verdadero tiempo de preparación para la culminación de ese tiempo, a la vez vivencia y celebración, que durante todo el año nos conduce a los Sagrados Misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor, el Cristo que nos redimióen la Cruz.
Esas fechas son, para todos aquellos que nos sentimos católicos y cofrades las de mayor actividad en nuestras cofradías y hermandades. Junto a las convocatorias de las correspondientes juntas generales, en las que se rinden cuentas y balance de la gestión directiva, nuestras corporaciones convocan sus cultos en honor a los Sagrados Titulares que presiden todo nuestro quehacer. Es también momento de preparación de la principal actividad externa que se concreta en la salida procesional y desde hace unos años, muchas hermandades y cofradías realizan también diversas actividades culturales que han de contribuir a la mejor formación cristiana de sus miembros y hermanos. Son fechas que vivimos con gran interés por todo lo cofrade o procesionista. Nos invade una vitalidad de alma que nos estimula a seguir sirviendo a nuestra cofradía, a trabajar más por verla llena de esplendor en la calle y que sirva así de vehículo a lo que antes que nada es la expresión pública de la historia y la devoción hacia unas imágenes que son veneradas y actúan como medios de acercamiento a las verdades de la fe.
Nuestras sedes, tanto civiles como religiosas, se llenan de gente, de cofrades y sus familias, pletóricos de entusiasmo ante la proximidad de la procesión. Ese bullicio expectante que rodea todos nuestros trabajos se nos contagia unos a otros y en definitiva, nos va animando en las numerosas tareas que se nos acumulan: limpiar aquí y allá, sacar los enseres, ultimar ese detalle, perfilar las túnicas, disponer los hachones, organizar los cultos ... La casa-hermandad es un constante ajetreo de hermanos y cofrades que entran y salen en busca de su papeleta de sitio, de las últimas instrucciones de salida o de traer o llevar cuanto se le haya encargado. Aparecen los primeros nervios, hay una cierta tensión que sin ser difícil sí muestra esa preocupación que a todos nos invade porque todo salga bien. Queremos a nuestra cofradía en la calle como un ejemplo de orden, devoción y solemnidad y eso hace que extrememos nuestros cuidados para que todo esté a la perfección. Realmente, tanto trabajo se hace con alegría, con una especie de esperanza que a veces no sabemos transmitir con palabras a quienes se acercan allí. Es posiblemente esa alegría cristiana, barrunto de la eterna alegría de la Resurrección lo que nos hace crecernos en la adversidad y contra la indiferencia de la época que nos ha tocado vivir, cuando notamos que muchas veces nos rodean circunstancias y actitudes que no comprenden lo que hacemos, cuando no están en contra o lo desprecian ignorándolo. Hay noches demasiado largas y poco a poco el esfuerzo se va notando hasta que llegue el gran día en que veamos salir a nuestro Titular a la calle, entre flores y música, todo esplendor y admire a cuantos lo contemplen a su paso por entre las gentes que levantan los ojos ante la Sagrada Imagen del Crucificado del Perdón, ante ese costado abierto por el que emana sangre y agua, ante ese Hombre que siendo Hijo de Dios se entregó por nuestra causa para librarnos para siempre del pecado y de la muerte.Los nazarenosalumbran el paso de los tronos, el olor a cera impregna el ambiente y cuando pasa el trono... el silencio de esas miradas lo dice casi todo y cuando el trono va llegando de vuelta al templo y nos empieza a invadir una creciente melancolía, una vez más decimos en nuestro interior: ¡ Ha valido la pena! El Señor se lo merece todo. No hacemos sino devolverle un trocito muy pequeño de lo que cada día nos da.
… SOBRIEDAD PENITENCIAL EN EL ALMA COFRADE.
Cuando se acercan estas fechas tan intrínsecamente unidas al quehacer cofrade puesto que forman parte de su propia naturaleza, como asociaciones de fieles conscientes de su pertenencia a la Iglesia, no podemos permitir quienes entendemos nuestra pertenencia a cualquier corporación cofrade como algo más trascendente que una simple afiliación cultural, que los árboles no nos dejen ver el bosque, por expresarlo coloquialmente. En medio de esos ajetreos y preparativos, hemos de ser conscientes en todo momento de cuál es el verdadero fundamento de la actividad que en estos días nos vincula más que en cualquier otro momento del año a nuestra cofradía. No puede ocurrir que entre los esplendores de nuestros enseres, el aroma de las flores, el despertar de la primavera o el olor a incienso que tan arriba se eleva como sacrificio a Quien reina en lo alto, nuestra condición de creyentes en la fe de Cristo muerto y resucitado se pueda confundir o en lo más mínimo disolver con los ingredientes que más resaltan de nuestras procesiones y de toda la Semana Santa los medios de comunicación o los comentarios en la ciudad. Nosotros entendemos la Semana Santa, nuestra cofradía o hermandad y nuestras actividades como algo más importante, mucho más trascendente que una aportación más al paquete turístico de esas fechas en nuestra sociedad del bienestar.
Por tanto, los cofrades y hermanos que asumimos esa condición de nuestras cofradías y hermandades como hijas de la Iglesia, junto al respeto por nuestra venerable historia, al orgullo por nuestro patrimonio, a la devoción por nuestros Titulares y al esfuerzo por sacar la procesión, hemos de tener muy presente quiénes somos y qué hacemos como creyentes en la fe de Cristo. Por eso, todos nuestros actos públicos, la procesión, los cultos, la cultura cofrade en general, ha de estar traspasada por la coherencia con esas creencias que decimos profesar.
Con la Cuaresma nos hemos preparado en la penitencia, la limosna y la oración para celebrar los Misterios del Triduo Pascual. Nuestra procesión se desarrolla como una manifestación pública de catequesis sobre la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. En nuestros cultos, con la celebración eucarística, actualizamos en la Iglesia aquellos sagrados misterios de nuestra Redención, cuando el Hijo de Dios se entregó por nosotros. En definitiva, interiorizamos en nuestra alma como creyentes un compromiso anual que nos obliga a seguir siendo creyentes todo el año, pues la cofradía no tiene otro fundamento que el de ofrecer a sus miembros cuantos medios pueda para mejorar la vivencia cristiana, en unos casos encauzando la iniciación cristiana, en otros coordinando una formación cristiana que no se puede dejar languidecer, siempre recuperando esas nobles tradiciones que en, el culto público aportan a todo el pueblo cristiano una nueva oportunidad de mantener viva la fe en Cristo.
Y es que además nuestra condición de cofrades y hermanos ha de servirnos en todo caso para no quedarnos en la de la fiesta (valga la redundancia) con que a veces parecemos distraernos. Es preciso recuperar como suele decirse las esencias que, por otra parte dan el verdadero sentido a todas las actividades cofrades de estos días, que no es otro que el de hacernos mejores en un mundo paganizado, donde todo es relativo y se hunde en la más mediocre confusión.
Si cuanto hacemos, ya de por sí es honroso, dejémonos traspasar por esa devoción al Crucificado, sintamos ese olor a incienso y acomo ofrenda a su sacrificio puro, llevemos la fe a nuestra vida como llevamos ese trono a hombros yel Rey de Reyes y Señor de Señores nos recompensará como Esl sabe hacerlo.
Santiago Lafuente Meca
Paso Morado de Lorca
Propuesto por: elboj
|